Tradición por un “tubo”, pero con estilo

Posiblemente te resulte familiar el título de esta receta, y es que no podrás evitar recordar las famosas tartas de yema y trufa al whisky, típicas de fiestas, cumpleaños y otras celebraciones especiales.

Siendo uno de los postres tradicionales por excelencia para los más peques, especialmente por la deliciosa textura de la yema que lo cubre, nos gustaría sacarte una tierna sonrisa llena de recuerdos con esta sabrosa idea. Aunque, como siempre, traemos alguna modificación al propio estilo de nuestro chef colaborador.

Unos pastelitos muy “enrollados”

Te presentamos una receta basada en un postre tradicional, pero dándole una vuelta. Y nunca mejor dicho, porque literalmente vamos a enrollar el concepto de trufa al whisky, con una plancha de bizcocho cubierta de yema confitada y almendra tostada.

Conseguirás unos deliciosos pasteles que, pese a su sencillez visual, esconden un sabor irresistible. Y todo ello sin prescindir de ningún ingrediente típico. ¡Y mucho menos de la yema y la almendra!

Elaboración

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  1. Para la elaboración de la crema de trufa al whisky montar la mantequilla junto con el azúcar, incorporar la cobertura de leche y la crema de whisky, y, por último, añadir la nata mezclando bien todo.
  2. Cortar la plancha de bizcocho a lo largo, en 6 porciones de 57×370 mm y, sobre papel parafinado, disponer cada porción de bizcocho con la «piel cocida» hacia arriba.
  3. Mediante manga con boquilla gruesa, extender de forma centrada la crema de trufa al whisky a lo largo de la base y, con ayuda del papel parafinado, enrollar cada porción sobre sí misma haciendo coincidir los extremos largos del bizcocho.
  4. Dejar congelar a -20ºC, y una vez congeladas las porciones retirar el papel para calar la superficie con almíbar y whisky.
  5. Cubrir cada «rulito» con una fina capa de yema blanda confitada y rebozar en granillo de almendra tostada.
  6. Cortar en 4 porciones de 92,5 mm. y decorar espolvoreando la superficie del pastel con azúcar glas.