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Huevos y conejos de pascua: la curiosa historia detrás del chocolate
En España tenemos la suerte de contar con una gran tradición culinaria, y no iba a ser menos con los irresistibles dulces típicos de Semana Santa, como las torrijas y los buñuelos.
Pero vivimos en un mundo globalizado, y lejos de los platos más ligados a la cultura española, poco a poco vamos acogiendo entre nuestras costumbres tradiciones de otros países.
Un ejemplo de esta realidad lo encontramos en grandes superficies, supermercados y, cómo no, pastelerías y pequeñas panaderías de nuestro país, cuando entramos y vemos alguna tarta de conejo de Pascua.
Historia de los huevos de Pascua
Cada vez es más frecuente ver en los distintos lineales y mostradores esas figuras de chocolate con forma de conejo y de huevo. Ahora bien, ¿te has preguntado alguna vez de dónde viene esta tradición?, ¿cómo aparecieron estos dulces que hace las delicias de los más pequeños (y no tan pequeños)?
Todo apunta a que los confiteros franceses fueron los encargados de dar forma a los primeros huevos de chocolate. De ahí que, dada su fama, consiguiera extender la popularidad de este plato al resto de Europa y Estados Unidos.
Pero, ¿por qué huevos, y por qué en pascua?
El simbolismo del huevo en el retorno de la primavera
Una vez más, como ocurre con la gran mayoría de las costumbres del cristianismo, podemos encontrar el origen de los huevos de pascua en una tradición pagana.
Y, aunque existen diversas teorías sobre sobre su simbolismo, todo apunta a que era un elemento esencial en la celebración del retorno de la primavera (la fertilidad de la tierra). Una estación del año claramente relacionada con la fertilidad por infinidad de culturas, donde el huevo o el conejo son a menudo elementos que acompañan, o representan, a dioses de la fertilidad.
Sí, sí, el conejo que hoy también forma parte de esta época del año, y que también conocemos como el Conejo de Pascua o de chocolate.
Dicho esto, ¿Cómo se adaptan los huevos y los conejos a la tradición cristiana?
El protagonista astuto de la historia: Conejo de Pascua
Como ya hemos mencionado, junto al huevo, el conejo es considerado como símbolo de la fertilidad en numerosas culturas paganas. Especialmente aquellas que seguían distintos países del norte de Europa.
Es por ello que el Conejo de Pascua juega un papel fundamental en países como Reino unido, Polonia, y, especialmente, Alemania (en este último en el que se extendió la leyenda del conejo que trae huevos pintados durante la noche, para que los niños los busquen el día siguiente).
Por eso este enigmático personaje es incluso comparado con Papá Noel. Por ese carácter de hacer regalos a los niños antes de un día festivo religioso.
Y sí, existen otras fábulas al respecto, pero como es en Alemania donde se empezaron a popularizar las figuras de chocolate con forma de conejo en Pascua, nosotros nos quedamos con esta. Aunque en España también tenemos nuestra tradición.
El huevo o la Mona de Pascua en España
La historia de los huevos y el conejo de pascua es, cuanto menos, interesante, pero ¿qué sucede con esta tradición en España?
En nuestro país tenemos costumbres propias, pero es cierto que existen similitudes en ciertas zonas de Cataluña o Valencia, donde se elaboran dulces acompañados de figuras de chocolate.
Este es el caso de la deliciosa mona de pascua. Una tarta elaborada tradicionalmente a partir de un bizcocho genovés, y cuya decoración incluye plumas de colores, pollitos y elementos de chocolate.
Sin embargo, en otras regiones y localidades de nuestro país, la Mona de Pascua es un dulce bastante diferente. Tan distinto que la Mona se elabora a partir de un bollo, o pan quemado, y para completar la merienda se acompaña de un huevo decorado de chocolate, claro.
Aunque incluso en algunos pequeños pueblos del levante español este bollo de se sirve con el huevo cocido.
Sea como sea, esta tradición marca que son las madrinas y los padrinos los encargados regalar ese dulce a sus ahijados, y no un conejo. Parece que somos menos enigmáticos que las culturas del norte, pero que le vamos a hacer: somos más cercanos, nos gusta dejar claro que detrás de cada celebración hay personas y, por supuesto, aprovechar para disfrutar juntos de un buen dulce o postre.